Story
03 June 2026
De no verse como líder a abrir camino: la transformación de una mujer en energía
Alejandra Labandera es una mujer enérgica, de amplia sonrisa y claros gestos. Tiene 41 años es Ingeniera Química y Máster en Ingeniería de la Energía. Es mamá de Felipe, de tres años. Es también una de las integrantes de la Asociación Uruguaya de Mujeres en Energía (AUME) y fue a través de esa organización que tomó contacto con Naciones Unidas, gracias a una serie de talleres del del Fondo de Innovación en Energías Renovables (REIF)El REIF es una iniciativa conjunta del Sistema de Naciones Unidas en Uruguay, impulsada por ONU Mujeres, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), bajo la coordinación del sistema de la ONU en el país. Financiado por el Joint SDG Fund —un mecanismo global innovador de Naciones Unidas que promueve programas conjuntos entre agencias y moviliza inversiones públicas y privadas para acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible— el REIF articula alianzas y financiamiento para impulsar la transición energética, integrando innovación, sostenibilidad y enfoque de género.En un sector energético en plena transformación, donde la innovación y la diversidad son clave, cada vez más mujeres están encontrando espacios para crecer, liderar y hacerse oír. A través de iniciativas como los talleres de Mujeres en Energía organizados por la Organización de Mujeres Empresarias, Ejecutivas y Emprendedoras del Uruguay, y de los que participó Alejandra, se promueven instancias de formación, mentoría y construcción de redes que no solo fortalecen habilidades, sino que también abren oportunidades concretas en un sector estratégico.Esta entrevista refleja uno de los tantos casos en los que el trabajo de Naciones Unidas en Uruguay genera resultados directos: mujeres que descubren su potencial, amplían sus horizontes y se posicionan como líderes en sus ámbitos. Detrás de cada experiencia hay una transformación personal, pero también un impacto colectivo que contribuye a construir organizaciones más diversas, inclusivas e innovadoras. Si querés enterarte de qué más hace la ONU en Uruguay, podes encontrar nuestro informe de Resultados aquí: https://uruguay.un.org/es/314755-informe-de-resultados Conocé la historia de Alejandra y cómo el contacto con Naciones Unidas la ayudó a potenciarse y desarrollarse:¿Cómo te enteraste de los talleres vinculados a Mujeres en Energía del REIF y qué te motivó a participar?
Me enteré a través de la red de AUME —la Asociación Uruguaya de Mujeres en la Energía—, específicamente por LinkedIn. Vi la convocatoria y algo resonó de inmediato: no era solo una capacitación técnica, sino una propuesta que reconocía que las mujeres en el sector necesitamos también espacios propios para crecer, conectar y fortalecernos. Eso me motivó a dar el paso.
¿Qué fue lo que más te aportó la capacitación?
El taller apunta a desarrollar y repensar las llamadas “habilidades blandas” —autoliderazgo, gestión emocional, negociación, comunicación, marca personal, manejo de conversaciones difíciles, balance vida-trabajo— con una mirada explícita de género. Y eso tiene un propósito claro: las mujeres aún accedemos poco a ciertos roles de liderazgo, especialmente en sectores STEM, y estas habilidades hoy son de las más requeridas, especialmente en la era de la IA, no solo para líderes sino para todos.Lo que más me dejó fueron tres cosas. Primero, el espacio de encuentro con pares: compartir problemáticas comunes tiene un valor enorme; es un espacio de catarsis y reconocimiento mutuo. Segundo, la dimensión introspectiva: más allá de los contenidos técnicos —con expositoras de primera línea— el taller te invita a pensarte a vos misma, a darte el tiempo para evaluarte honestamente en cada área. Y tercero, la red: salí con compañeras con quienes sigo en contacto, que nos reconocemos, nos damos oportunidades, nos escuchamos. Eso no tiene precio.¿Hubo algún módulo, ejercicio o charla que te marcara especialmente?
Hubo muchísimas instancias de gran impacto: el taller de negociación fue increíble, el de creencias limitantes tremendamente revelador, y el de marca personal muy accionable. Pero, sin dudas, el que más me marcó fue el de “Equilibrio trabajo-familia”, facilitado por Silvina Prekajac.Llegué con cierta expectativa de lo que iba a encontrar… y me sorprendió completamente. No solo por las herramientas concretas que ofrece, sino por el tremendo impacto social que tendría que todas las organizaciones pudieran trabajar estos temas de forma institucional y en serio. Me fui pensando distinto sobre algo que creía que ya tenía resuelto.
¿Sentís que la formación te abrió oportunidades laborales, académicas o de liderazgo dentro del sector energético?
Debo confesar que al principio no me reconocía como líder, quizás por la carga que tiene esa palabra. Con el tiempo entendí que lideramos permanentemente: una reunión, una negociación, una consultoría, el camino de otro profesional que empieza. Y a veces ni nos damos cuenta del impacto que tenemos en esas instancias.El taller me cambió esa mirada —y también me generó más responsabilidad: la de abrir camino para las que vendrán. En términos concretos, me abrió puertas. Fui recomendada, pasé a estar “en el mapa”. En el mundo profesional, eso tiene un valor gigante.Y no solo los talleres grupales: AUME también ofrece mentorías uno a uno, que permiten acompañar el desarrollo individual de cada mujer en el sector con una referente que ya recorrió ese camino. Ese tipo de acompañamiento personalizado es lo que convierte una capacitación puntual en un proceso real de transformación profesional.
¿Cómo cambió tu perspectiva sobre el rol de las mujeres en energía después del taller?
Pienso que aún estamos lejos. El estudio lo muestra con claridad: la brecha salarial en Uruguay en este sector es del 35%, y los roles de liderazgo —que son también los de mejores ingresos— siguen siendo de difícil acceso para nosotras.Pero lo que el taller refuerza, y con lo que me quedo, es la importancia de la complementariedad de visiones. Las organizaciones que integran perspectivas diversas generan mejor cultura, toman mejores decisiones y sostienen resultados a largo plazo. No es solo una cuestión de justicia —es una cuestión de inteligencia organizacional.¿Qué le dirías a otras mujeres que están dudando si involucrarse en temas de energía o participar en estas instancias?
Que no están solas. Que este es un momento único para entrar en escena, para entender lo importante que es que todas nos involucremos. El sector energético está en plena transformación y necesita nuestra mirada, nuestra presencia, nuestra voz. La duda es natural —pero al otro lado de esa duda hay una comunidad que te espera.En una frase: ¿qué significa para vos ser parte de Mujeres en Energía?
Es un orgullo ser parte de esta comunidad de mujeres que potencian a otras mujeres, que generan espacios, que son referencia, que marcan tendencia —y que impactan, sobre todo, en el escenario energético del futuro.
Me enteré a través de la red de AUME —la Asociación Uruguaya de Mujeres en la Energía—, específicamente por LinkedIn. Vi la convocatoria y algo resonó de inmediato: no era solo una capacitación técnica, sino una propuesta que reconocía que las mujeres en el sector necesitamos también espacios propios para crecer, conectar y fortalecernos. Eso me motivó a dar el paso.
¿Qué fue lo que más te aportó la capacitación?
El taller apunta a desarrollar y repensar las llamadas “habilidades blandas” —autoliderazgo, gestión emocional, negociación, comunicación, marca personal, manejo de conversaciones difíciles, balance vida-trabajo— con una mirada explícita de género. Y eso tiene un propósito claro: las mujeres aún accedemos poco a ciertos roles de liderazgo, especialmente en sectores STEM, y estas habilidades hoy son de las más requeridas, especialmente en la era de la IA, no solo para líderes sino para todos.Lo que más me dejó fueron tres cosas. Primero, el espacio de encuentro con pares: compartir problemáticas comunes tiene un valor enorme; es un espacio de catarsis y reconocimiento mutuo. Segundo, la dimensión introspectiva: más allá de los contenidos técnicos —con expositoras de primera línea— el taller te invita a pensarte a vos misma, a darte el tiempo para evaluarte honestamente en cada área. Y tercero, la red: salí con compañeras con quienes sigo en contacto, que nos reconocemos, nos damos oportunidades, nos escuchamos. Eso no tiene precio.¿Hubo algún módulo, ejercicio o charla que te marcara especialmente?
Hubo muchísimas instancias de gran impacto: el taller de negociación fue increíble, el de creencias limitantes tremendamente revelador, y el de marca personal muy accionable. Pero, sin dudas, el que más me marcó fue el de “Equilibrio trabajo-familia”, facilitado por Silvina Prekajac.Llegué con cierta expectativa de lo que iba a encontrar… y me sorprendió completamente. No solo por las herramientas concretas que ofrece, sino por el tremendo impacto social que tendría que todas las organizaciones pudieran trabajar estos temas de forma institucional y en serio. Me fui pensando distinto sobre algo que creía que ya tenía resuelto.
¿Sentís que la formación te abrió oportunidades laborales, académicas o de liderazgo dentro del sector energético?
Debo confesar que al principio no me reconocía como líder, quizás por la carga que tiene esa palabra. Con el tiempo entendí que lideramos permanentemente: una reunión, una negociación, una consultoría, el camino de otro profesional que empieza. Y a veces ni nos damos cuenta del impacto que tenemos en esas instancias.El taller me cambió esa mirada —y también me generó más responsabilidad: la de abrir camino para las que vendrán. En términos concretos, me abrió puertas. Fui recomendada, pasé a estar “en el mapa”. En el mundo profesional, eso tiene un valor gigante.Y no solo los talleres grupales: AUME también ofrece mentorías uno a uno, que permiten acompañar el desarrollo individual de cada mujer en el sector con una referente que ya recorrió ese camino. Ese tipo de acompañamiento personalizado es lo que convierte una capacitación puntual en un proceso real de transformación profesional.
¿Cómo cambió tu perspectiva sobre el rol de las mujeres en energía después del taller?
Pienso que aún estamos lejos. El estudio lo muestra con claridad: la brecha salarial en Uruguay en este sector es del 35%, y los roles de liderazgo —que son también los de mejores ingresos— siguen siendo de difícil acceso para nosotras.Pero lo que el taller refuerza, y con lo que me quedo, es la importancia de la complementariedad de visiones. Las organizaciones que integran perspectivas diversas generan mejor cultura, toman mejores decisiones y sostienen resultados a largo plazo. No es solo una cuestión de justicia —es una cuestión de inteligencia organizacional.¿Qué le dirías a otras mujeres que están dudando si involucrarse en temas de energía o participar en estas instancias?
Que no están solas. Que este es un momento único para entrar en escena, para entender lo importante que es que todas nos involucremos. El sector energético está en plena transformación y necesita nuestra mirada, nuestra presencia, nuestra voz. La duda es natural —pero al otro lado de esa duda hay una comunidad que te espera.En una frase: ¿qué significa para vos ser parte de Mujeres en Energía?
Es un orgullo ser parte de esta comunidad de mujeres que potencian a otras mujeres, que generan espacios, que son referencia, que marcan tendencia —y que impactan, sobre todo, en el escenario energético del futuro.